3 días - 2 noches
El mapa muestra relieves verdes que parecen plegarse como las montañas de una maqueta, coronados de blanco, al borde de superficies de un celeste tan claro y liso como la mañana del día en que emprendemos la caminata por los senderos interiores del Parque nacional Los Alerces.
Provincia Parque Nacional
La extensísima Huella Andina, el primer sendero de largo recorrido de la Argentina -570 kilómetros entre el lago Aluminé, en el extremo norte, y el lago Baguilt, en el extremo sur- se convierte, sobre el mismo mapa, en una línea celeste y blanca que zizgaguea suavemente atravesando la parte más verde de las indicaciones cartográficas. Celestes y blancas son también las franjas que nos irán indicando –en el tronco de un árbol, en la entrada de un puente, en un embarcadero, en un cartel informativo- que estamos transitando este camino que abarca en total 42 etapas, atravesando las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, recorriendo ríos, lagos, montañas, arroyos y mallines como si fuera una cinta cinematográfica que se despliega ante los ojos del senderista exhibiendo todo el esplendor natural de la Patagonia Norte cordillerana.
Nuestra etapa comienza en chubut, en la parte sur de la Huella Andina –la número 37, es decir cerca del final si se llea desde euun y descorrerá el velo sobre algunos de los paisajes más asombrosos de esta región donde aún hay testigos vivos de los más remotos tiempos de la humanidad. Con el mapa ya plegado en la mochila, y el sol ya alto en el cielo, llega el momento de dejar de explorar el papel para meterse de lleno de en el paisaje, siguiendo la línea troncal del largo sendero pero también algunos desvíos –o “capilares”- que invitan a descubrir algunos de los rincones más espectaculares del Parque Nacional, aquellos que fundamentan su candidatura como Patrimonio Mundial ante la Unesco.
Todo comienza en Esquel
Esquel, ciudad de orígenes galeses como la vecina Trevelin, el “pueblo del molino” famoso por sus tentadoras mesas de té y “torta negra”, es el punto de partida de muchos caminantes que recorren este tramo de la Huella Andina. A unos 50 kilómetros del Parque Nacional, la cercanía y los servicios no son los únicos motivos para elegirla: todo viajero sabe que aquí está el hogar de la entrañable Trochita, el trencito de trocha angosta que solía realizar un recorrido épico por las estepas patagónicas entre Ingeniero Jacobacci (Río Negro) y Esquel, a fuerza de humo y traqueteo, transportando pobladores a través de tierras desiertas, contra viento y nieve, haciendo patria y creando un mito duradero junto a la frontera. Con Paul Theroux y Bruce Chatwin alcanzó estatura literaria: pero con cada visitante que vuelve a subirse a la formación en la estación de Esquel, para realizar el trayecto hasta el paraje Nahuel Pan, esa estatura ya mítica se transforma en un recuerdo personal e íntimo atesorado en el álbum de fotos de su travesía patagónica.
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