Huella Andina

2 días / 1 noche

La Vuelta al Lácar

La Patagonia es una permanente invitación a los sentidos. En un país con poco más de cuatro siglos de historia, mirar hacia el sur es algo más que viajar.

Provincia Parque Nacional

La tierra prometida

Es la increíble posibilidad de asomarse a un pedacito de tierra que empieza a dar sus primeros pasos. A  descubrir un territorio que, incorporado a la Nación apenas un siglo atrás, aún tiene mucho de inexplorado, y que es toda una reserva de espacios y sensaciones vitales: agua dulce, aire puro, bosques, y una extensión inabarcable de absoluta desmesura. Y allí, donde esa mítica mención comienza a asomar desafiante partiendo el mapa de la Argentina con un tajo de asombros, aparece San Martín de los Andes.

Sin dejarse encasillar en términos como “pueblo” o “ciudad”, el abigarrado centro urbano se despliega sobre un valle que mucho tiene de encantamiento. Enclavado entre montañas, ajeno por vocación propia a cualquier vinculación con los que se podría llamar “vicios de una gran ciudad”, su cotidiano discurrir es un bálsamo para todo aquel que tenga la buena idea de visitarlo.

La hotelería, la gastronomía, las artesanías y el espacio todo exhiben orgullosos su absoluta dedicación a los pequeños detalles. La decoración de los ambientes, la calidad de los servicios, el fuego en las chimeneas, los jardines ornamentados por rosas, tulipanes y lavandas, la madera y la lana hechizadas por las hábiles manos de artesanos, el sabor intenso de los frutos del bosque haciéndole un guiño a los paladares exigentes, ciervo, jabalí y trucha invitantes desde las cocinas de los restaurantes, las plazas, los árboles, el lago y un bosque al alcance de la mano, son apenas algunas de las muchas y bienhechoras postales que abrumarán el alma con un asombro olvidado.


Sólo hay que dejarse llevar. Dejar de lado apuros y relojes, y empezar a descubrirla. Un buen punto de partida puede ser el Centro Cívico, donde alrededor de la plaza San Martín se despliegan el edificio municipal, el banco Nación, el correo, los puestos de artesanos y las oficinas de Turismo.

Allí, entre renovadas aguas danzantes, centenarias araucarias y la figura del Libertador señalando el poniente, late el corazón de la ciudad. Desde allí, unos pocos pasos conducen al Museo Primeros Pobladores, un inmueble originalmente sede de la primera Comisión de Fomento, recuperado para exhibir diferentes muestras que cuentan la historia regional.

Cruzando la plaza, asoma otro edificio de visita ineludible: la antigua intendencia del Parque Nacional Lanín. Un monumento arquitectónico de piedra y madera, producto del denominado “período fundacional” de dicho organismo nacional, que lleva con orgullo la marca del arquitecto Alejandro Bustillo, figura emblemática de dicha profesión en la Argentina.

Devenido en Centro de Visitantes y Museo, en sus salas resume buena parte de la in􀃁uencia que tuvo Parques Nacionales en el desarrollo regional, y suma una colorida y sensorial recorrida por las particulares especies animales y vegetales del lugar, para permitir al visitante comprender el porqué de la importancia de conservar la naturaleza en todas sus formas.

Sobre la calle principal, se ofrecen los servicios de un renovado transporte que resalta notablemente en el paisaje: un ómnibus rojo de dos pisos, de origen inglés, reciclado y adaptado para brindar al visitante lo que se denomina un “city tour”, que no es otra cosa que un recorrido guiado por el casco urbano, ideal para descubrir antiguas casas de pioneros, en las cuales aún se conserva intacto el espíritu de los primeros años del pueblo.


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